Hace dos días terminé de leer Transilvania Unplugged, de Eduardo Sánchez Rugeles, la novela que me acompañaba mientras esperaba entrar a mi curso de francés. No sé si catalogarla como novela negra, aunque la zozobra que experimenté a medida que me enteraba de lo que sucedía con sus dos personajes principales --dos venezolanos llamados Emilio y José Antonio-- no me dejó tranquilo en todo el día. Entonces, me puse a cavilar sobre las razones de por qué me angustié con esa novela, y concluí que hubo dos razones. La primera: los dos venezolanos eran unos imprudentes, porque nadie tan osado se atreve a aventurarse a buscar ciudadanos de otras latitudes en un país donde no se conoce ni la lengua ni la idiosincrasia, ni las actitudes de la gente. Lo segundo: Sánchez Rugeles pintó a Rumania como una nación de corruptos, malvivientes, con deformidades físicas e intenciones soterradas. No es el mejor concepto que se lleva el lector acerca de Rumania.
domingo, 27 de abril de 2014
jueves, 10 de abril de 2014
El selfie del "conducatore"
Esta semana comencé a leer una novela
llamada Transilvania Unplugged,
de un escritor venezolano llamado Eduardo Sánchez Rugeles. Leo la novela
mientras voy en el transporte público o cuando espero para entrar a un curso de
francés en el que me inscribí hace unos días. Así que del libro no tengo mucho
adelantado. Hasta ahora, el narrador de la historia me ha relatado que hay dos
venezolanos que viajaron a Rumania: uno de ellos quiere abrirse campo laboral
en la Europa del Este; el otro intenta darle forma a su identidad como
escritor, teniendo como excusa la búsqueda de sus orígenes en tierra dacia.
domingo, 30 de marzo de 2014
Adiós, libertad de elección!
Ayer en la tarde vi una película alemana
llamada Good Bye, Lenin!, de Wolfgang
Becker. La película cuenta la historia de un joven, Alex, cuya madre, Christiane,
días antes de la caída del Muro de Berlín, cae en estado de coma tras sufrir un
infarto. Christiane, que pertenecía al partido socialista de la Alemania del
Este y que estaba orgullosa de los ideales que dominaban la mitad del suelo germano, despierta
ocho meses después, ya con el Muro de Berlín caído y con la Alemania Oriental
invadida por la vida capitalista de la nación hermana. Alex, que quiere
evitarle a su madre la áspera sorpresa de ver el sistema socialista derrotado
y, por consiguiente, una recaída que la lleve a la muerte, recrea para ella,
bajo el techo de su apartamento, una nación socialista que no solo se mantenía
viva, sino que además derrotaba poco a poco el sistema de vida de la Alemania
Occidental.
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